<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-367188162178739422</id><updated>2011-07-07T15:34:03.634-07:00</updated><category term='Trabajo'/><category term='Senderismo'/><title type='text'>Crónicas tragicómicas</title><subtitle type='html'>La comedia es tragedia más tiempo</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cronicastragicomicas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/367188162178739422/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicastragicomicas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Jotapé</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15885581158130129298</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_8DRGIqLX46E/SniZ0LIJxgI/AAAAAAAAAFg/_LG_OZWUZbo/S220/Viajes+%26+Blues+034.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>2</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-367188162178739422.post-1954467859193746890</id><published>2008-10-27T04:44:00.001-07:00</published><updated>2009-08-15T02:50:17.530-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Senderismo'/><title type='text'>Picos de Europa</title><content type='html'>“El día es un regalo”, anima Toño, y señala unas manchas de luces filtrándose por los recovecos de las empinadas recortadas cumbres que se adivinan desde el salón de la casa rural. En este hogar de tres pisos de piedra y madera se respira a leña. Bebemos zumos de naranja y mojamos un esponjoso bizcocho casero (torta) con nueces y chocolate en el café de pote (de olla) con leche de vaca-vaca. A través del vidrio empañado se va desperezando la Posada de Valdeón, un pueblo desacostumbrado a ver los albores y los ocasos del sol, encajonado entre paredes de roca de hasta 2.600 metros.&lt;br /&gt;Los tres kilómetros hasta Caín (el punto más bajo de la provincia de León) los hacemos en coche, a través de una ruta en zigzag que se angosta hasta un único carril y se precipita a un abismo de 60 metros. Una vaca de andar dominguero y expresión algo bobina nos abre paso, rumiándo que por esa ladera conviene ir a ritmo local. El acoso visual del otoño en la montaña comulga con el perfecto aire de la garganta natural que cobija al río Cares, con su arrullo de caleidoscópicos cantos rodados en aguas verdosas, cristalinas, transparentes, cuyo efecto visual semeja al dibujo de la piel de una serpiente. Provincianos y carteles asturleoneses advierten desprendimientos lapidarios, caballos sueltos, buitres leonados y otros carroñeros designios, pero nada dicen de las cagadas -con forma de canicas- de cabras, que suelen hallarse en las zonas más escabrosas e inescrutables de España.&lt;br /&gt;Las hojas caducas que alfombran la ladera nos evocan la infancia de los mocos pegados a los puños, y evocando mocos erramos el camino ya a los primeros pasos. “¿Qué vais a hacer? ¿La ruta del Cares?” Asentimos. “¡Pues es pa’ allá!”, sonríe el trío de viejos lugareños, apoltronados sobre un tronco enmohecido, que con el mentón indican la dirección opuesta, cuesta abajo. Allá se divisa el cartel -vistoso cartel, sobra decir- que ratifica: Caín-Culiembro-Los Collados-Poncebos; 24 km. (ida y vuelta) entre los macizos Central y Occidental de los Picos de Europa.&lt;br /&gt;Marchamos a paso de explorador -libreta y bolígrafo en mano, como periodista entusiasta-, por senderos escarpados, pedregosos, de abundante vegetación -destaca la encina, mejor adaptada al clima rocoso- junto a los paredones calizos y pizarras del desfiladero. Aquí un resbalón o tropiezo, de esos que da cualquiera en la vida, es caída… al vacío. “El que se precipita se precipita”, se sabe. Estos senderos de ganado y pastores -ya documentados en el siglo XV-, salpicados de cuevas goteantes, túneles barrenados a mano y canales artificiales de aguas rápidas (11 km. construidos entre 1915 y1921 por 500 trabajadores; a razón de un muerto por cada mil metros de obras) surcan las tierras de León y Asturias.&lt;br /&gt;A la ida todo es “hola, qué tal”, sonrisas y bromas entre el nutrido rebaño humano. Como estos cincuentones que aligeran el paso contra la pared, empujándonos al costado abismal. “Perdonad, somos de derechas”, suelta el de aire intelectual y calzas ajustadas. La camaradería dura lo que la salida de las ampollas y el apriete de los callos. Y entonces comienza el concierto de resoplidos, ufas y balbuceantes puteadas. Pero para eso falta mucha roca y luz, como tres horas de macizos y asilados refugios de pastores y senderistas en lucha contra la imponente verticalidad, y caravanas de babosas o gusanos negros, flácidos, regordetes, tipo sanguijuelas o culebras -apunta una paseante-, de piquete por el sendero. Su silenciosa consigna es “que se vayan todos”; y con razón: hay animales que van dejando un reguero de latas, puchos y toallitas de papel.&lt;br /&gt;El sol crece e ilumina con rayos celestiales las faldas montañosas, pobladas de árboles y arbustos (madroños, espinos), rosas silvestres, roquedos y pastizales. Un pájaro anónimo pía con eco redoblado, tres mariposas aletean una simétrica demostración aérea, un caracol alardea su diseño en espiral y un estruendo de trueno nos paraliza. Volvemos la mirada y llueven piedras, ¡qué digo!, cascotes, rocas despeñadas por un barranco con violencia fulminante, a diez breves pasos, segundos atrás. “A la mierda”, pienso o grito mientras rajamos tras la estampida. Una máxima senderista de última hora dice que por los caminos hay que andar más con la cabeza que con los pies; que la montaña, como el mar, exige respeto, “jugar con la geografía”, como esa cabra equilibrista, burlona de leyes de gravedad y ajena al temblor, que otea desde un pedrusco el paisaje marlboro.&lt;br /&gt;Lo primero que hace la cabra es mirarlo a uno con altanería desconfiada, sin moverse un palmo, cobarde y temible a la vez. Estos mamíferos de rojiza pelambre, por regla cornudos (salvo algunas hembras), rumian entre lo doméstico y lo huraño: igual se dejan fotografiar a prudente distancia o se pierden de vista, cabreados, sobre todo si uno no les convida con sánguche de paté, galletitas maría o chocolate nestlé. La descripción viene a cuento del queso cabrales con patatas que nos zampamos en Bulnes (concejo asturiano de Cabrales), uno de los pocos pueblos de España que carece de acceso rodado, apenas unido al mundo por un funicular.&lt;br /&gt;Se trata de un núcleo cabraliego de ubicación caprichosa y remota, aunque “estratégico” por sus buenos pastos. Consta de dos pequeñas aldeas poco habitadas (arriba Bulnes El Castillo, y abajo y a la izquierda, Bulnes La Villa), separadas por una empinada vertiente de aludes, y enclavadas entre cadenas montañosas. Allí destaca “El Naranjo de Bulnes” (“Picu Urriellu”, en asturiano), emblemática cima calcárea de origen paleozoico (unos 230 millones de años, lo menos), situada en el Macizo Central de los Picos de Europa; trepa hasta los 2.519 metros, con 550 de pared vertical. “Acojona un poco”, diría un geólogo extraterrestre, mientras observa a un burro de mirada plácida, cuya misión es estarse quieto al borde de una cascada donde resbalan niños bien almorzados, entre sillas de plástico y botellas de sidra.&lt;br /&gt;El regreso lo emprendemos a zancadas porque se nos viene la noche y ahí te quiero ver. Atrás vamos dejando una delgadísima columna de humo que se levanta de un minúsculo rancho de piedra, y un persistente olor a granja adherido a las botas. El apurón deja como doloroso saldo un chichón en la cresta (retumbó el arco de una gruta de peñascos naturales y picudos; pobre gruta), rasguños causados por una absurda caída sobre un matojo bien articulado -espinoso y puntiagudo-, sumado a los consabidos callos, ampollas y machucones de contrabando, entre riñas de gallos y perros bravucones que ladran a cualquiera que pasa. Nada grave, a excepción de un fémur dislocado. Pero esa es otra crónica tragicómica.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/367188162178739422-1954467859193746890?l=cronicastragicomicas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicastragicomicas.blogspot.com/feeds/1954467859193746890/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=367188162178739422&amp;postID=1954467859193746890' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/367188162178739422/posts/default/1954467859193746890'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/367188162178739422/posts/default/1954467859193746890'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicastragicomicas.blogspot.com/2008/10/picos-de-europa-o-se-viene-la-noche-y.html' title='Picos de Europa'/><author><name>Jotapé</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15885581158130129298</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_8DRGIqLX46E/SniZ0LIJxgI/AAAAAAAAAFg/_LG_OZWUZbo/S220/Viajes+%26+Blues+034.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-367188162178739422.post-1278355951556889341</id><published>2008-09-28T06:08:00.000-07:00</published><updated>2008-11-19T05:00:27.922-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Trabajo'/><title type='text'>Telegestor</title><content type='html'>Trabajo desde hace un mes en una gestoría de cobros, "pese a lo cual conservo algún sentido del humor" y cierta capacidad de abstracción. Repito entre 60 y 90 veces al día durante siete horas, con dos entretiempos de 15 minutos y un café con leche, un auricular pegado a la oreja derecha y &lt;em&gt;chuletas&lt;/em&gt; (papelitos): "Hola, buenas tardes. Pregunto por… Le llamo de… Es en relación a un importe pendiente… que asciende a... Queremos saber cuándo va a pagar…". Como un mohíno espectador, observo todo lo que entra en mi campo visual: un cubículo de madera de 70 x 70 cm., un ordenador centelleante, un botellín con agua del grifo, un bolígrafo (birome) rojo, un subrayador (marcador) gris, un montón de folios escritos y en blanco, otro montón de cabezas simétricamente ordenadas, un sobrecogedor gatito con un gorro navideño -heredado- que suelo usar de pisapapeles. Hablo con abuelas que no escuchan, macarras esquivos de trato, truhanes entrenados, asustadizos, razonables, renegados, solitarios, aburridos, desconfiados, refractarios a las malas noticias, cerrados a la lógica, cabrones de pura cepa, morosos de poca monta... Y si un tipo moscardón me mosquea mucho lo borro del mapa con un &lt;em&gt;tipeo&lt;/em&gt;: "No quiere pagar". Si quiere: "Compromiso de pago". Si duda: "Contacto útil. Seguimiento". Parafraseando a Cortázar: "A veces es casi malsana esta facilidad que tengo".&lt;br /&gt;Los primeros días son duros, demasiados datos abruman. "Hay gente que amaga para ir al baño y ya no regresa", me informan o sugieren. Sopeso la idea a las dos horas y monedas; tengo una buena coartada: me sobran ganas de mear. "Tú tranquilo, no te comas el coco y dales caña". Psicología, mucha psicología. Una voz femenina se alza sobre el mar de los murmullos. "Perdone señor, pero le estoy hablando bien... No me falte el respeto… Y no me grite que le escucho… Tranquilícese… Bueno, así no podemos seguir… ¡Ah, qué bonito! Pues con la misma herramienta sírvase usted". Cuelga. Silencio. "Me dijo subnormal… ‘No me toques más los cojones y que te den por culo, subnormal’, me dijo el muy gilipollas", se indigna la afectada. "¡Subnormal!", sigue rumiando. Hasta que por ahí descomprimen: "¿Te conoce de alguna parte?". Hilaridad.&lt;br /&gt;Un hombre taciturno se desliza como una sombra silenciosa ajena a las bromas. "El mejor gestor es el que mejor negocia", suelta, siguiendo la máxima de Sun Tzu: "Es mejor ganar sin luchar: hacer que el conflicto sea totalmente innecesario". Otra máxima, ésta es de cantina: "La discusión está ganada de antemano, porque tarde o temprano tienen que pagar, sólo hay que hacerles entrar en razón, con o sin ella". Un moderador ilustra: "Tampoco somos las hermanitas de la caridad". Otra completa: "Si eres sincero en la vida, esto te servirá para que aprendas a mentir". Aforismo de telegestor: "Quien no arriesga un huevo no saca un pollo".&lt;br /&gt;En la cantina la gente es afable, locuaz, amiga de reír y de contar jugosos pormenores. Alguien se queja del calor o del frío y sacude el recorte de un artículo publicado en un gratuito: "El 75% riñe con sus compañeros por el aire acondicionado". El descanso se esfuma entre bocanadas de humo, cafés de máquina, cocacolas, bocadillos (refuerzos de jamón y queso), rosquillas, bollos (bizcochos), chocolatinas, patatas fritas, manzanas mutiladas y cucharadas de yogur.&lt;br /&gt;"Último round", campanea un aplicado que sale al ruedo en compañía de un séquito de imitadores desganados. Es hora de volver "al bote" (luz verde, llamadas) y a galeras a remar. Giro la cabeza hacia la ventana de la cortina rota, el celeste azulea entre nubes pomposas que se me antojan frías, y tras el recorte de edificios bajos y arcillosos adivino una franja gris irregular, la sierra madrileña. Vuelvo al reloj que miente tal hora de un modo caprichoso. Hago que paso de él. Al cabo de 60 ó 90 expedientes la cabeza se me embota, los ojos me arden y una riada de sudor empapa mi espalada dejando un lamparón difícil de disimular. Muerdo medio chicle. Llamo y codifico. Bebo un buche de agua. Llamo y codifico. Ya falta nada para el “bueno, mañana más”. Un jóven se retoca las cejas frente a un espejo de mano. Otra se acomoda el pelo desteñido. El personal abandona en un plisplás la oficina, el edificio. El último, literalmente, apaga la luz. Bajo los tres pisos por las escaleras. "¿Cuántos compromisos de pago has hecho hoy?", indaga una andina de mirada esquiva, casi rayana en la apatía. Le suelto una cifra aproxiamada, y eso parece tranquilizar su ánimo conturbado. Ahora podemos ocupar nuestro tiempo como mejor nos plazca. Yo, por ejemplo, me voy a dormir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/367188162178739422-1278355951556889341?l=cronicastragicomicas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicastragicomicas.blogspot.com/feeds/1278355951556889341/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=367188162178739422&amp;postID=1278355951556889341' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/367188162178739422/posts/default/1278355951556889341'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/367188162178739422/posts/default/1278355951556889341'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicastragicomicas.blogspot.com/2008/09/teleoperador.html' title='Telegestor'/><author><name>Jotapé</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15885581158130129298</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_8DRGIqLX46E/SniZ0LIJxgI/AAAAAAAAAFg/_LG_OZWUZbo/S220/Viajes+%26+Blues+034.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry></feed>
